Nuestro alumno más pequeño

Leonel, con apenas tres años, sostiene un violín diminuto entre sus manos, sus dedos aún torpes buscan las cuerdas, y cada sonido es más que una nota, es un descubrimiento. En nuestra escuela de música en el Zoológico Guadalajara, donde sus padres enseñan, él se convierte en símbolo de esperanza y continuidad.
Leonel no solo aprende a tocar el violín, está aprendiendo a escuchar, a sentir, a expresarse, porque la música es un lenguaje universal que puede comenzar a hablarse desde los primeros años de vida.
Un día, cuando sus manos crezcan y sus notas sean exactas, recordaremos que todo empezó con aquel niño de tres años que, con un violín pequeño y una sonrisa inmensa, nos enseñó que la pasión por la música se siembra desde la ternura.
